Foto de mi móvil con un cartel típico y omnipresente en los puestos del Bazar Egipcio de Estambul.
Todos los años compruebo una y otra vez la inquietante y molesta habilidad de los comerciantes de bazar de Turquía y Marruecos para averiguar la nacionalidad de uno a quince metros de distancia y sin haberte oído hablar. Da igual cómo te vistas, cómo camines y cómo te peines. A los vendendores de alfombras, azafrán, babuchas y bolsos falsificados les basta un fugaz ojeada para saber que uno es español, y les falta poco para decirte de qué provincia. No hay manera de esquivarles ni de confundirles: comprate la ropa en América, (des)péinate como un inglés y haz muecas de alemán, da igual, ellos saben de dónde eres. Lo cuál lleva a inquietantes reflexiones: ¿será que los españoles olemos igual? ¿Será que compartimos gestos y andares? En fin... en el momento en que confirman su sospecha, viene el recital de frases hechas que precede al acoso de vendedor sobre el incauto turista. 9 de cada 10 españoles que viajan a Marruecos o Turquía por primera vez acaban comprando un objeto de artesanía local que no deseaban.



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