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HOY MÁS QUE NUNCA: UNA VISIÓN DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL

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Escribo estas líneas justo cuando acaban de nombrar Presidente del gobierno de una de las mayores potencias del mundo a un personaje que ha destacado por ser grosero, misógino, homófobo, inculto y maleducado al que lo único que respalda es ser rico y que lleva a gala el ser políticamente incorrecto. Los analistas dicen que el “pueblo” cansado de los abusos de las élites se han plantado a su manera y en una especie de chiste grotesco han optado por lo peor para solucionar lo malo. Los analistas más expertos hablan de “la rebelión de las masas”. Gente que utiliza el poder del voto para hacerse oír.

Y sin embargo no se me ocurre nada menos revolucionario que aceptar sin espíritu crítico de ningún tipo las mentiras del que dice que viene a sacarte de un apuro. Venderse, y vender el futuro de los que están contigo que al final tampoco te importan demasiado, a la solución fácil de que sea otro el que arreglé aquello que tu no has querido arreglar, por falta de recursos en unos casos, y por falta de ganas y de interés en encontrar la forma de conseguir esos recursos en otros. Es tan cómodo que vengan a rescatarte…

La desobediencia  civil se define como el acto de desacatar una norma de la que se tiene obligación de cumplimiento. La norma que debería obedecerse es, por lo general, una norma jurídica, o en todo caso cualquier norma que el grupo en el poder considera investida de autoridad en el sentido de que su transgresión acarreara inevitablemente un castigo.

La desobediencia puede ser activa o pasiva. El término "civil" hace referencia a los deberes generales que todo ciudadano debe reconocer, legitimando así el orden legal vigente. En otras palabras, "civil" indica que el objetivo principal de la desobediencia es traer cambios en el orden social o político que afectarían la libertad de los ciudadanos.

Pero qué ocurre cuando te encuentras con que la norma es precisamente estar en contra de todo, casi sin un criterio definido. Qué ocurre cuando se ha normalizado la corrupción a todos los niveles, cuando lo que la gente joven busca es la fama sin esfuerzo, cuando la mayoría de la gente se define e identifica por las cosas que odian y no de las cosas que se admiran o aspiran a conseguir para mejorar le mundo. Cuando no pensamos en un mundo mejor para todos, sino en un mundo mejor para nosotros, que “nos lo merecemos”, que “tenemos derechos”…

Vivimos en un mundo en el que hacer oír es más fácil que nunca. Pero en un mundo como el antes descrito, que los desencantados por la razón que sea se hagan oír, también es más fácil. Vivimos en la era de las falsas revoluciones de salón, de la “desobediencia” orquestada, de cara al público, de cara a los demás.

 La era de la protesta fácil, del grito amplificado por una tecnología al alcance de todos. Una época en la que la gente joven prefiere tener un teléfono móvil de última generación desde el que escupir su desencanto con el mundo antes que implicarse en personal y físicamente en cambiar las cosas… ¡qué pereza da eso! les oímos decir una y otra vez.

Es difícil hablar de desobediencia civil como algo “revolucionario” hoy en día, como algo que va contra corriente. Es fácil sin embargo hablar de pequeñas revoluciones egoístas al servicio de los intereses de unos pocos. Pero a nadie le interesa dar un paso hacía atrás y ver el valor real de las cosas y el impacto que tiene todo lo que hacemos y se hace en nuestro entorno, más allá de uno mismo

Si ahora, protestar y patalear es algo que está a la orden del día, ¿qué es entonces la desobedecía civil hoy? Si la norma que se ha adoptado es la de la falta de espíritu crítico, la falta de solidaridad, la falta de colaboración y la falta de amor…

Si la desobediencia civil es ir en contra de las normas establecidas, y vemos en el mundo que la norma es la protesta egoísta y deshumanizada contra todo y contra todos, solo queda darle la vuelta a eso construyendo desde el dialogo fundamentado. Hoy lo revolucionario, la verdadera desobedecía civil es formarse, estudiar, aprender, crecer en valores, amar incondicionalmente, estudiar. Es la compasión activa, la honradez, la no violencia. La desobediencia civil es atreverse a ser diferente defendiendo los intereses de todos, frente a los de unos pocos.

Hoy lo revolucionario es dar sin esperar recibir, aunque todos te miren como el tonto que está perdiendo oportunidades en la vida , y se sientan más listos consiguiendo cosas que ni siquiera saben si necesitan.

Hoy lo revolucionario es morir en el intento, vivir por una causa que sea más grande que nosotros mismos… levantar la cabeza del móvil, mirar a nuestro alrededor y tomar las riendas de nuestro destino.

 

Foto de Bert Heymans en Flickr Creative Commons.

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