HOY MÁS QUE NUNCA: UNA VISIÓN DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL
Clara y Pepo: cuentos para niños que educan en emociones y en valores

Este año que empieza os deseo mucha mierda :)

Yinyan

Antes de nada, perdón por el moñismo, ya sabéis que a veces me pongo un poco tierna. A algunos de vosotros solo os conozco, a algunos os aprecio, a otros os quiero y a otros os adoro; a todos os deseo algunas cosas malas para el año que viene. Porque en la vida todo pasa y las cosas malas solo existen con las buenas, el Yin y el Yan, la clásica dicotomía griega... y eso las convierte siempre en algo de lo que sacar provecho. La vida es eso.

Os deseo salud, pero también gripes y catarros por cantar bajo la tormenta. Os deseo dolor de pies por andar mucho, de espalda por bailar y resacas. Sí, resacas, y el propósito repetido e incumplido del «nunca más». Os deseo malos libros que hagan que otros sean libros mejores. Y películas malas, que consigan que cuando otra os emocione, se vuelva imprescindible; separaciones que os hagan soñar con los reencuentros; días de lluvia, té, libro y sofá, aunque esperaseis fiesta y desenfreno; que perdáis el móvil, que perdáis aviones, que perdáis los papeles. Os deseo amor, y os deseo que estéis enamorados, porque eso hará que estéis donde queréis estar aunque no sea el sitio que esperábais; o desamor, del que te sacude los cimientos y te deja temblando, con miedo a la siguiente ola; esos también nos enseñan algo. 

Os deseo música: toda; la buena, la mala, la mejor y la peor. Porque la música es el verdadero lenguaje universal. Os deseo un poco de tristeza y risas; besos y rechazos; abrazos y apretones de mano; negocios fructíferos y fracasos; ideas divertidas y muchas de esas que pueden ir directamente a la papelera. Mascotas cariñosas que se coman los muebles, y niños que os despierten por la noche porque quieren agua, o hacer pis, y después os supliquen que les enseñeis a dibujar dinosaurios. Que se cruce en vuestra vida gente que no aporte más que cosas malas, para que aprendáis a defenderos, a quereros, a valoraros y a mandarlas lejos. Y también gente mágica (no mucha, la justa) de esa que llega a tu vida y te la cambia para siempre. Os deseo que perdáis y que aprendáis. Os deseo el miedo y la satisfacción que producen las nuevas perspectivas, circunstancias y contextos. Os deseo cambios.

Pero lo que más os deseo es algo bueno. Os deseo poesía. Porque la poesía, como me enseñaron hace tiempo, es una forma de ver la vida. 

El brindis, lo tomo prestado, como siempre. Los que me conocéis sabéis que siempre brindo «por las balas esquivadas», hoy lo alargaré un poco más, robándole las palabras a la argentina Soledad Pastorutti:

«Un brindis por hoy, por esos días por venir, por las cosas lindas que nos quedan por vivir y, por qué no, por tantos desaciertos. A fin de cuentas somos seres humanos y muchas veces nos equivocamos, sobre todo cuando es el corazón el que manda... Por seguir siguiendo al corazón y coquetear con la intuición, por seguir creciendo y esquivando las rutinas. Por seguir soñando en un rincón y seguir creyendo que hay un Dios que me endereza de un tirón la puntería. Por ir siempre detrás de lo que siento, por morir de tanto en tanto y seguir aquí. Por los desiertos que crucé, por los atajos que esquivé, por las batallas que pintaron mis heridas. Por los incendios que provoqué, por los fracasos que me probé, por regalarle a la intuición el alma mía. Por los festejos que resigné, por los amigos que extrañé, por los domingos muy lejos de mi familia. Por las almohadas que conocí, por las canciones que aprendí, por los recuerdos que parecen de otras vidas (snif). Por las palizas que esquivé, por las traiciones que compré, por los enojos que me hicieron mostrar los dientes. Con mil abrazos me cuidé, con mil amores me curé, juntando heridas sigo creyendo en la gente. Y en esas noches de luna (21/10), donde los recuerdos son puñal me abrazo a mi guitarra y canto fuerte mis plegarias y algo pasa, pero ya nada me va a cambiar...»

Añado de cosecha propia: por todos los que habéis entrado en mi vida, de paso o para quedaros, este año. He aprendido que el "hogar" puede ser una persona, no un sitio, y que la familia no siempre es biológica. Se me olvidaría gente si tengo que nombrarla, pero sé que sabéis quiénes sois, sabéis que no me avergüenza decíroslo y probablemente ya lo he hecho alguna vez. A los que ya estabais, os quiero en bucle ☺, tened certeza de ello.

Y ahora sí: por las balas esquivadas. Feliz 2013   ¡¡FELIZ 2017!!

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