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Mujeres que hacen otro mundo posible

Mujeres
    Las mujeres que hacen otro mundo posible no son ni única ni principalmente las que graban su nombre en la memoria colectiva de los actos heroicos o los grandes descubrimientos. Esas se hicieron por méritos propios un sitio en la historia, pero al mundo le suele quedar grande la historia y se transforma sobre los pasos firmes de mujeres sencillas que esparcen su sabiduría como un virus: de persona en persona, impactando a mucha más gente de la que serán conscientes en su vida y cambiando, sin saberlo, el devenir de muchas cosas; cambiando quizá el rumbo del mundo.

Una de mis profesoras de la universidad solía decir mucho esta frase en clase, casi siempre después de algún comentario fuera de lugar: "—después de la palabra, el silencio es la mayor libertad del mundo". Una forma educada de decir que para decir una tontería uno mejor se callaba, o eso pensaba yo. Hice muy buenas migas con ella y de vez en cuando tomábamos un café y charlábamos de cosas poco importantes, aunque a mi, quizá por la atención recibida por parte de una mujer de carrera como ella, me hacía sentir tremendamente adulta.

Un día le conté que teníamos un problema con un profesor en otro departamento que había aprobado, sin examinar, a varios alumnos y yo no sabía si debíamos decirle algo al respecto al susodicho. Tras unos minutos en los que yo me quejaba de lo injusto que era todo y de la poca vergüenza de este hombre, me miro seria y me dijo:"—Después de la palabra, el silencio es la mayor libertad del mundo". "—Lo sé, casi mejor que me calle y no diga nada—farfullé".

"—La libertad es una conquista –me dijo. Si hablas con él, es más que probable que te suspenda, porque le conozco. Lo que tienes que saber es si vivirás tranquila con la decisión que tomes y con sus consecuencias, sean las que sean. Puedes actuar o no actuar, hablar o callar, y esa es una lucha contigo misma y con el mundo exterior que vas a tener siempre. Es una batalla que librar y cuando lo consigas, actuar o no actuar pero vivir tranquila con lo que suceda,  serás realmente libre". 

Hablé con él. Me suspendió, pero me hice libre. Me hice libre como en el poema de Gloria Fuertes: "Decir la verdad me desencadena".

Como anécdota es realmente lamentable, y me olvidé de ello hasta hace cosa de unas semanas, hasta que me pidieron que escribiera algo sobre las mujeres que hacen otro mundo posible y me acordé de ello y de otra coincidencia similar que viví hace algo más de un año. Durante un viaje en tren a Asturias entablé conversación con un matrimonio que vivía en Argentina y se había conocido en Salamanca, siendo los dos de Oviedo. Me contaron su historia. Me contaron como ella había dejado en España a su familia, y como había creado una nueva en otro país con su marido recién licenciado en medicina. Se miraban con admiración, terminaban uno la frase del otro y me enseñaron fotos de sus hijos y sus nietos. Eran todo ternura. Volvían a Asturias de visita después de muchos años y pasamos unas horas muy entretenidas. Les dije que era envidiable una vida con tanto amor y que hoy en día, era difícil encontrar y mantener algo como lo que ellos tenían.

La mujer se puso un poco sería y me dijo:"—Amarás al prójimo como a ti mismo". Yo asentí, dando a entender que comprendía lo que me quería decir y queriendo evitar a toda costa una charla religiosa. Ella me miró otra vez y antes de que yo pudiera decir nada siguió hablando. "—No, no sé si lo has entendido. Amarás al prójimo como a ti mismo, no más, no menos. Solo cuando te ames a ti correctamente, amarás correctamente al otro. El amor es una conquista". Y entonces algo hizo clic, y empecé a entender lo que debería ser el amor. Parafraseando a Enrich Frohm, "entendido así el amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de te experimentas (o experimentas la relación de pareja) desde la esencia de tu existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos".

Si hago un repaso rápido a las mujeres que en mi vida me han enseñado, con el ejemplo, que otro mundo es posible, encuentro los rostros, anónimos para el mundo, que se han cruzado en mi vida y me han enseñado los principios sobre los que se sostiene mi individualidad y mi “ser mujer”: la libertad y el amor conquistados. Estos son solo dos ejemplos, pero hay muchas más. Las mujeres que hacen otro mundo posible son las que enseñan a otras mujeres que otro mundo es posible. Que tú, siendo diferente en el mundo puedes marcar la diferencia. Las mujeres que aparecen en tu vida y te dan las alas necesarias para crear los cimientos de tu futuro. Me he encontrado muchas más veces con mujeres que quieren enseñarme a ser libre, a amar(me) y a cambiar el mundo en mi día a día que en los libros de historia. Así que brindemos por las mujeres sabías que nos enseñan a ser más sabías. Por las mujeres fuertes: porque las criemos, porque las apoyemos, porque seamos una de ellas.

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