Hace unos meses tuve la suerte de visitar al equipo de CPH Design de
la mano de Anna Kirah. Recorriendo sus impresionantes talleres de
prototipado, me contaron la historia de una innovación, invisible para
el público, pero que promete cambiar la vida de un grupo de
trabajadores del transporte aéreo.
Aunque CPH es un estudio de
diseño, recibió la llamada de un cliente buscando ayuda para solucionar
un problema de bajas laborales. La
llamada provenía del aeropuerto de Copenague (creo recordar que de un
sindicato). Al parecer, los trabajadores de la línea de equipajes,
superaban la media de bajas por enfernedad del resto de personal. La mayoría era por problemas en la espalda, por lo que
suponían que tenía que ver con la ergonomía de alguna parte de la
cadena de equipajes (por eso llamaron a una empresa de diseño).
CPH
Design se puso manos a la obra y tras una observación exhaustiva del
trabajo que realizaban estas personas, identificó los problemas.
Había
3 puntos de conflicto; la carga desde la cinta al carro, el traspaso
del carro al camión con la cinta transportadora que sube el equipaje a
la bodega y la descarga de este camión en la bodega del avión. En todos
ellos se utilizaba la fuerza bruta. Las personas encargadas de estas
tareas tenían que mover a pulso el equipaje desde la cinta hasta un
carro en el que iban acumulando maletas unas encima de otras. Desde el
carro se lanzaban al camión donde una cinta las
depositaba en la entrada de la bodega, y desde allí, agachados, otros trabajadores las arrastraban hasta el fondo de la bodega.
Era evidente de donde provenian los problemas de espalda.
A
partir de estas conclusiones rediseñaron tanto los carros, como las
cintas de carga y de entrada en la bodega, para minimizar el esfuerzo y
evitar el manejo manual del equipaje.
Decidieron aprovechar la
gravedad para descargar los carros en el camión. Diseñaron un
contenedor inclinado y con varios niveles. Las maletas entraban por un
extremo distribuyéndose en los diferentes niveles. Los suelos de cada
nivel estaban hechos con pequeñas ruedecitas, de tal forma que al abrir
el compartimento por el otro extremo las maletas rodaban solas al
camión que debía depositarlas en la bodega. Toda esta operación podía hacerla un sólo operador y con una sola mano.
En el camión
incorporaron un último tramo de cinta transportadora extensible (a modo de codo al
final de la misma) para que llegase al fondo de la bodega del avión,
de tal forma que el operario que estuviera allí sólo tuviese que
colocar en lugar de arrastrar.
(Ver imágenes)
Aunque lo que a mi me enseñaron
fueron protopitpos en mi último viaje a Dinamarca he podido comprobar
que ya se han implantando en el aeropuerto de Copenague.
Quería contarlo porque me produce un gran placer ver cómo las ideas saltan de los papeles a la vida de las personas. Una de las sensaciones más agradables que se puede experimentar es ver cómo algo que has ideado ayuda a otros a vivir un poco mejor.