Por Manuel Bermejo
DIRECTOR DE PROGRAMAS PARA LA ALTA DIRECCIÓN DE IE BUSINESS SCHOOL
Escribo este post de regreso desde Dubai donde he tenido la oportunidad de compartir reflexiones con números empresarios y directivos de diferentes partes del mundo acerca de la crisis y, muy especialmente, sobre su particular impacto en España. Si tuviera que resumir las conclusiones de estas conversaciones en un titular, éste sería bastante poco original: “España, se acabó la fiesta”. Creo que varios medios internacionales de comunicación ya usaron esta manida expresión para referirse a la situación en nuestro país.
Como tantos otros compatriotas he rememorado estos días el esperpéntico golpe de estado del 23Fy cuánto ha evolucionado España desde entonces. Seguramente estos casi 30 años de democracia y crecimiento económico nos han hecho perder perspectiva y valores cayendo en el síndrome del nuevo rico.
Nos hemos paseado por el mundo dando lecciones de democracia con el ejemplo de la transición y los “Pactos de la Moncloa” por bandera. Hemos reconquistado el mundo, especialmente América Latina, convirtiéndonos en un inversor importante.
Y hemos olvidado valores muy propios como la cultura del esfuerzo y el trabajo, que secularmente han acompañado el desempeño de tantos y tantos españoles. Nos regodeamos hablando de derechos pero aquí nadie habla de deberes. Mencionar progreso o diversidad nos encanta pero eliminamos del léxico palabras como disciplina o mérito. Presumimos de multinacionales pero la mayoría son fruto de privatizaciones de servicios públicos y qué pocas son ejemplo del espíritu emprendedor y la innovación. Los partidos políticos, y por añadidura los miembros de los diferentes gobiernos, se han llenado de profesionales de la política con muy escaso bagaje de experiencia real de gestión (baste comparar los CV de los diputados presentes en el hemiciclo el 23F/81 con el de los actuales inquilinos de las Cortes).
Inventamos conceptos como la movida o el botellón pero la Universidad española no aparece en los rankings internacionales hasta revisar posiciones de cola. Nos hemos gastado la pasta a raudales en televisiones de plasma o viajes a Bávaro y aquí la gente sigue sin hablar buen inglés. Revisar la lista de las mayores fortunas del país provoca sonrojo en muchos casos a poco que se escudriña en el origen de las mismas. Mucho énfasis en meterse en la vida del ciudadano (no fumes, no bebas, no conduzcas, póntelo/pónselo,…) pero muy poca atención a cambiar un modelo de crecimiento insostenible.
Qué bueno disfrutar de los valores patrios del deporte (los Nadal, Gasol, Alonso o Contador) pero lástima que esta eclosión, y su efecto mediático, no se extienda, por ejemplo, a investigadores, catedráticos o emprendedores. Nos tranquilizan contándonos que el estado del bienestar es intocable pero quién seguirá pagando esta fiesta cuando nos estamos llenando de jubilados, parados y funcionarios.
No más pesimismo. De esto se sale recuperando valores, empezando por la humildad y haciendo cada cual un ejercicio de responsabilidad individual, un autoajuste. Vamos a confiar en nosotros mismos y, por ende, en la sociedad civil. Así se puede cambiar a mejor nuestro país y salir reforzados de esta compleja tesitura.
Foto: Daquella Manera