Frente a los turistas olímpicos, que baten récords de velocidad y distancia, existe otra forma de viajar. Una en la que no importa lo que se tarda en llegar, porque como dice la filosofía "lo importante no es el destino, si no el viaje". Viajar por viajar.
En el norte de España, tenemos una red de ferrocarriles de vía estrecha, FEVE, que recorre los intrincados paisajes del Cantábrico, en rutas que en muchos casos no cuentan con otras alternativas. En tiempos pasados, representaban el progreso de las comunicaciones en el mundo rural, y hoy, aunque el material móvil que utilizan es moderno, desplazarse por sus vías es como volver, en un viaje hacia atrás, al pasado.
Este verano, disfruté de una maravillosa experiencia en una de sus líneas, la que une Bilbao con León... 10 horas de viaje que bien podrían haber sido un siglo. ¿Os apetece viajar en el tiempo?




