Aunque estemos hablando de prototipos, seguimos encontrando buenas ideas por todas partes. En este caso se trata de un ladrillo que absorbe y canaliza el agua de la lluvía, un trabajo de los diseñadores Jin-young Yoon y Jeongwoong Kwon que optaba este año al Incheon International Design Award. El concepto tampoco es que sea algo extremadamente espectacular, pero la idea es tremendamente ecológica. Queda por ver cómo se comporta este tipo de materiales en una construcción real, pero para andar el camino hay que dar el primer paso.
Me considero más amante de la naturaleza que ecologista. Eso quiere decir que no antepongo la naturaleza al hombre, pero tampoco lo contrario. Con lo que no puedo es con la caza. Supongo que a los cazadores no les gustará oír voces contrarias, y que encontrarán argumentos para defender su práctica como el más habitual de todos referido a la conservación y cría de especies, y creación de reservas naturales (los cotos) destinadas a ser luego cazadas, que sin ese fin, dicen, no podrían existir. Pero si bien puedo comprender que un señor salga a cazar una perdiz para comérsela después, como ya hacían en la prehistoria, y no haya excesiva diferencia con criarlas en un corral y cortarlas el cuello para echarlas a la cazuela (los vegetarianos no toleran tampoco eso) lo que no entiendo es la caza por deporte.
Lo siento. Pero no encuentro el placer a matar. Matar por deporte. Matar por matar. Y menos aún la caza mayor, esa que se apuestan en una silla bajo un árbol, y con una mira telescópica abaten un precioso ejemplar de venado, por ejemplo, sin apenas sudar, sin opción para el oponente.
Se puede disparar a un plato, o una diana, por deporte. Se puede caminar por el bosque durante horas, sin tener que matar algo por el camino, y es también deporte. Pero matar por puro placer. Lo siento, es superior a mi.
Así que, viendo el trabajo de Rick´s Taxidermy, como el de la imagen mostrada, no puedo evitar una leve sonrisa. Lástima que además, sea pacifista...
No es fácil encontrar proyectos que promuevan el positivismo, la participación individual para fortalecer al conjunto y el aprovechamiento de la energía que desprende, en este caso, la música. Por eso, cuando me invitaron a participar en el Movimiento Help Me, me recordó mucho al espíritu Ilustrae, y acepté.
Cuanto más fácil es difundir el miedo y la desesperanza, más necesarios son proyectos que traten de sacar a relucir lo mejor de cada uno.
Su promotor, Jesús Yanes, es un reconocido profesional del mundo de la música (más de 2.000.000 de discos vendidos como productor y miles de composiciones) que se define a si mismo como Pensador-Realizador, porque en palabras suyas: "Una idea no sirve si no se hace realidad" y para demostrarlo apadrina este proyecto con el fin de que el mundo escuche "El Lamento de la Tierra".
Pero, ¿Qué es el Movimiento Help Me? Ellos lo definen como movimiento apolítico, aconfesional e independiente en el que caben todas las opciones políticas y religiosas, siempre y cuando crea en la esperanza del ser humano y que es posible mejorar el mundo.
Hace unos años tuve un acuario. La verdad es que el movimiento pausado de los peces es algo realmente relajante, la gran mayoría de las criaturas del mar (excepto cuando las vemos en plena caza o huida) parecen disfrutar el tiempo mucho mejor que los humanos. Os dejo este vídeo grabado en el acuario de Monterey, California, con algunos de los más bellos animales marinos y una música que invita a desconectar de lo que sea que estás haciendo unos minutos (si eres cirujano o piloto, ya lo verás luego :D).
Os dejo este post publicado por Antón Uriarte en su blog y que al menos da que pensar en las soluciones que acaban siendo problemas a resolver...
"Qué bien. Fui el verano pasado a Galicia, a pasar unas vacaciones en un
alojamiento rural y cada vez que abría la ventana me parecía estar
metido en un anuncio de Iberdrola. Toda la línea de cumbres que tenía
enfrente estaba llena de aerogeneradores. Que si giro, que si no giro.
Obsesionante.
No sé qué tienen estos molinos que son tan aparentes. Quizás es que hay muchos. Quizás es que son enormes. Hay unos 16.000,
según la Sociedad Española de Ornitología, preocupada por la mortalidad
que al parecer causan en aves despistadas. Lo leo en un informe no muy
aireado que publica la propia SEO. No muy aireado, porque el ecologismo
es una Iglesia y meterse con lo que promueven los grandes, Greenpeace y
Ecologistas en Acción, ha de hacerse con mesura, como cuando los
católicos de base critican al Vaticano. Y tras la crisis pondrán 40.000
más. Así que pronto viajaremos, o como topos por túneles, o como
murciélagos entre pinchos y aspas, sorteándolos con más o menos
fortuna, con los ojos cerrados de asco".
Esta entrada es el resultado de una experiencia genial que hemos vivido gracias a "El Post Imposible", una propuesta de Vodafone que nos está permitiendo a un grupo de blogers escribir desde los lugares más insospechados. Pero vayamos por partes. Desde que vi la foto de Tahina, un lemur de Madagascar nacido en un zoo francés hace cosa de un mes y medio estos simpáticos bichejos me han llamado mucho la atención (a parte de que a mis sobrinos les fascinan, porque salen en una película de DreamWorks). Por otro lado, y los que nos leéis lo sabréis, en más de una ocasión hemos manifestado nuestra curiosidad por la robótica y sus diseños antropomórficos. Sobre esto unos piensan que, el que los robots tengan forma humana, es una manera de perpetuar conceptos de servilismo que deberíamos haber superado y otros que precisamente esa forma humana nos permite interactuar con la tecnología más avanzada de una forma más natural y permite que los integremos en nuestro entorno, incluso a tratarlos con más cuidado. De esta segunda opinión se deduciría que tendríamos que ser más respetuosos con los de nuestra especie y/o con los que más se parecen a nosotros. Pues va a ser que no. Y supongo que los lemures son un ejemplo de ello.
Estas son algunas cosillas que tenía en la cabeza para escribir algo en Ilustrae cuando me dijeron que podría escribir un post para El Post Imposible desde el recinto de los lemures en el Zoo de Madrid. La idea es muy divertida, con un pequeño ordenador de Dell y el modem USB de conexión a Internet, y con una veintena de estos primates dando saltos alrededor, estaba garantizada una buena mañana. Al menos vería de cerca cómo reaccionan ellos a nuestra presencia.
En el zoo conviven actualmente tres tipos de Lemures, catta (los de las anillas negras en la cola), variegatus (los blancos y negros) y mayotte (los marrones, que son mis preferidos aunque sean más feuchos) y son tan adorables como parecen. Pensaba que serían mucho más tímidos y que tardaríamos horas en poder acercarnos, pero desde el primer momento han estado curioseando (les debe gustar el reflejo del ordenador). Solo hemos podido acceder al exterior de las instalaciones, su patio de recreo, y estaban tomando el sol, como si hicieran yoga. Nos dice la cuidadora que los llaman precisamente "adoradores del sol". Hace frío, no me extraña que busquen calorcito. No tenemos mucho tiempo pero nos están dejando darles de comer (fruta y verdura) y mientras escribo esto ( que luego revisaré) tengo a uno sentado justo a mi lado, manchándome los pantalones con un trozo de melón. Será... Buscando algo de información antes de venir leí que lemur significa "fantasma" y que les llaman así por el sonido que emite. No se qué decir, a mi no me lo parece, en realidad no están haciendo ningún ruido, aunque hay una pareja reproductiva en el recinto interior, que de vez en cuando da un grito al que contestan todos los que hay fuera, montando un jaleo espectacular.
Pero, ¿qué es lo que más me ha llamado la atención? Sus manos. Son suaves y te sujetan los dedos con mucha delicadeza, no es solo que te miren con esos ojazos amarillos entre curiosos y asustados, es que no quieren hacerte daño y por eso da tanta pena pensar que los humanos, que somos tan inteligentes, seamos tan brutos, con nuestros semejantes y con los animales en general. Más bestias que las bestias. Aunque por suerte también somos capaces de reaccionar y aplicar un poco de sentido común a lo que hacemos. Todos los años, en el Zoo se realizan campañas de recaudación y la de este año está destinada a la isla de Madagascar, la 4ª más grande del planeta con una flora y fauna únicas, muchas de ellas consideradas como En Peligro Crítico, En peligro o Vulnerables, por lo que los lemures van a ser los protagonistas en estas instalaciones hasta el invierno que viene. Así que si os animáis ya sabéis y mientras tanto enseñemos a los niños a cuidar el entorno y a respetarlo. Os dejo un vídeo para que los veáis en acción, (en acción a ellos, ¡que yo estaba congelada! :D).
Digan lo que digan los grupos de presión medioambiental, subvencionar industrias “verdes” ineficientes no es la manera de hacer frente al cambio climático
Con una recesión avanzando por todo el planeta, está en peligro la posibilidad de tomar acciones relevantes acerca del calentamiento global. Esto es importante, ya que en poco más de un año, el mundo se sentará en Copenhague para negociar el seguimiento del fallido Protocolo de Kyoto. Pero con la gente perdiendo sus puesto de trabajo y sus ingresos, la ayuda inmediata a la economía parece ser más importante que los diferenciales de temperatura dentro de 100 años.
Sin embargo, muchos expertos ecologistas, han comenzado a decir que la crisis financiera sólo hace que la necesidad de adoptar medidas sobre el cambio climático sea mayor. Recomiendan al presidente electo americano, Barack Obama, que lleve a cabo una "revolución verde" con grandes inversiones en energía renovable, argumentando que esto podría crear millones de nuevos puestos de trabajo “verdes” además de abrir enormes mercados nuevos. Tales sentimientos, no es de extrañar, los expresan los líderes empresariales que viven de esas subvenciones. Pero, ¿Son realmente inteligentes estas inversiones para la sociedad?
El problema con los argumentos de la revolución verde es que no tienen en cuenta la eficiencia. Se suele elogiar a la revolución verde por proveer nuevos puestos de trabajo. Pero miles de millones de dólares en subvenciones fiscales podrían creer un montón de nuevos puestos de trabajo en casi cualquier sector: lo importante es que muchos sectores que necesitan menos intensidad de capital, podrían crear muchos más puestos de trabajo con una determinada inversión de dinero de los contribuyentes.
Del mismo modo, las iniciativas verdes abrirían nuevos mercados sólo si otras naciones subvencionarán tecnologías ineficientes compradas en el extranjero. Por lo tanto, el verdadero juego está en qué países pueden aprovecharse de las subvenciones fiscales de otros países. Aparte de la ineficiencia mundial resultante, esto también crea una nueva clase de participantes en la industria que siguen apoyando una legislación ineficiente, simplemente porque llena sus arcas.
Un buen ejemplo es Dinamarca, que al principio creó enormes subsidios para la energía eólica, construyendo miles de turbinas ineficientes en todo el país de 1980 en adelante. Hoy en día, se comenta a menudo que Dinamarca proporciona una de cada tres turbinas eólicas terrestres en el mundo, creando miles de millones en ingresos y puestos de trabajo.
Hace unos años, sin embargo, el Consejo Económico danés llevó a cabo una evaluación completa de la industria de turbinas eólicas, teniendo en cuenta no sólo su efectos beneficiosos sobre el empleo y la producción, sino también las subvenciones que recibe. Se descubrió que el efecto neto para Dinamarca no sólo no es de beneficio, sino que supone un pequeño costo.
En
la fotografía de arriba no se ven los chorros de CO2 que salen por esas
torres metálicas. No se ven porque el CO2 gaseoso es invisible.
Se
trata de uno de los múltiples experimentos que desde hace entre una y
dos décadas se llevan a cabo para saber cómo afectaría un aumento de la
concentración atmosférica de CO2 al crecimiento de árboles, cultivos y
plantas, al aire libre. Los chorros de CO2 mantienen el aire dentro del
recinto boscoso con una concentración de ese gas doble de la normal.