Poesía con números
Estuvimos en la presentación de Sabina Editorial

El mapa fantasma entre líneas

Todos los que vamos a las librerias a ojear las últimas novedades solemos leer la contra del libro que nos llama la atención y luego las primeras páginas o, al menos, los primeros párrafos. Hemos pensado en publicar aqui algunos extractos del libro, aleatoriamente, para que vosotros mismos veáis que os vais a encontrar. Empezamos, evidentemente con esos primeros párrafos que todos solemos curiosear. Iremos posteando alguno más.

"Es agosto de 1854 y la ciudad de Londres es una ciudad de carroñeros. Sus propios nombres evocan ahora una especie de catálogo de animales exóticos: recolectores de huesos, traperos, buscadores de materias puras, dragadores, buscadores del barro, cazadores de las cloacas, captores de polvo, limpiadores de excrementos humanos, hurgadores del río, hombres de la orilla... Eran las clases bajas de Londres, una comunidad de al menos mil personas. Tan notable era su presencia que, si se hubieran separado de la ciudad para formar la suya propia, habrían creado el quinto núcleo urbano más extenso
de toda Inglaterra. Pero su diversidad y la precisión de sus rutinas destacaban más que su proporción. Los madrugadores que paseaban por las orillas del Támesis podían presenciar cómo los hurgadores del río se adentraban en él en busca de la basura arrastrada por la marea. Vestidos con un aire un tanto cómico, con largos y anchos abrigos de pana cuyos enormes bolsillos se llenaban de pedazos sueltos de cobre que recuperaban en la orilla. Caminaban con una linterna sujeta al pecho mediante una correa de cuero para poder disponer de luz en la oscuridad que precedía al amanecer, y llevaban un palo de unos dos metros y medio de largo para examinar el suelo ante el que se encontraban y para facilitarse la salida en caso de tropezar con un cenagal. El palo y la espeluznante luz de la linterna a través de sus vestidos les hacían parecer magos harapientos recorriendo la sucia orilla del río en busca de monedas mágicas. Junto a ellos revoloteaban los buscadores del barro, a menudo niños, vestidos con andrajos y contentos de poder recoger todos los desechos que los hurgadores del río rechazaban por no cumplir los requisitos: pedazos de carbón, madera vieja, trozos de cuerda. Por encima del río, en las calles de la ciudad, los buscadores de materias puras se ganaban la vida recogiendo heces caninas (coloquialmente conocidas como “purezas”), mientras que los recolectores de huesos buscaban cadáveres de animales de todo tipo. En el subsuelo, en la apretada pero creciente red de túneles subterráneos de las calles de Londres, los cazadores de las cloacas se abrían paso a través de la basura flotante de la metrópolis. Cada cierto tiempo, una bolsa de gas metano inusualmente densa entraba en combustión a causa de una de las lámparas de queroseno que utilizaban, y algún alma desafortunada se incineraba a seis metros bajo tierra, en medio de una corriente de inmundas aguas residuales.

En otras palabras, los hurgadores de basura vivían en un mundo de excrementos y de muerte. Dickens empezó su última novela, Nuestro Mutuo Amigo, con dos de estos personajes, padre e hija, que tropiezan con un cadáver fl otando sobre el Támesis al que sustraen solemnemente las monedas que lleva encima. “¿A qué mundo pertenece un hombre muerto?”, pregunta el padre retóricamente cuando un colega le recrimina que robe a un cadáver. “A otro mundo. ¿A qué mundo pertenece el dinero? A éste”..."

Además, os invitamos a que disfrutéis de un tour guiado por el libro de mano del propio autor. Se trata de la presentación que hizo en TED en la que además, habló largo y tendido de su personal visión de lo que hace evolucionar el pensamiento y la ciencia en el mundo.

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