¿Y luego qué?
¿No es igual de fácil hacerlo bonito?

El huevo afectuoso y la realidad aumentada

A mí el primer Tamagotchi me pilló bastante crecidito, pero no pude evitar la tentación como buen proyecto de friki (por entonces el término aún no era de uso común) de hacerme con uno de estos curiosos huevo-reloj-mascotas. Conseguí mantenerlo con vida unos 12 días, pero cuando murió no me quedaron ganas de empezar otro. La leyenda negra del Tamagotchi no había logrado poseerme,...al menos no del todo.

El nombre Tamagotchi combina la palabra japonesa para decir huevo («tamago») y la silaba «chi» que denota afecto, y que aprovecha la similitud con el préstamo que el japonés ha tomado del inglés «wotchi», («watch»), que quiere decir reloj. Es increíble como ha evolucionado el mundo de las mascotas virtuales en estos pocos años. Tras las diferentes versiones y copias del tamagotchi, hasta los exitosos Nintendogs han vendido millones de unidades en el mundo, supliendo en muchos casos la necesidad del ser humano de cuidar, proteger y dar su cariño a otro ser (o en este caso, sustituto del mismo). Sin entrar en que a veces se cree una dependencia que ha llegado a causar ciertos problemas a niños y adolescentes que se habían sentido demasiado unidos a sus mascotas intangibles.

Como colofón y último paso hasta el momento en la evolución de estos curiosos engendros, os dejo con este vídeo que dejará a más de uno con la misma cara que la del señor que aparece en el mismo y al que sus hijos parecen estar vacilándole todo el rato.

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