¿Y si Elvis está en La Luna? ;-)
La inmortalidad no es un mito

Ratas suicidas

Toxo

El toxoplasma gondii puede que no les suene de nada, pero es el parásito más exitoso de cuantos se alojan en el hombre. Se cree que hasta un 50% de la población mundial está infectada: una vez entra en el cuerpo, se queda ahí para siempre. Se trata de un parásito unicelular, que secuestra las celulas dendríticas como quien secuestra un avión, despista así la vigilancia de nuestro sistema inmunológico para introducirse cual caballo de Troya en cualquier organo del cuerpo que lo hospeda. El destino final del t. gondii es el intestino del gato, donde se reproduce. Hasta ahora se pensaba que la infección por t. gondii (toxoplasmosis) sólo afectaba raramente a la retina de fetos y lactantes, y que por lo demás, era un parásito inocuo. Últimamente, se han empezado a estudiar otros efectos más inquietantes del t. gondii, que además de al hombre, infecta también y con el mismo éxito a la mayoría de los mamíferos. Parece ser que podría haber una relación entre algunos tipos de esquizofrenia y la toxoplasmosis, de hecho, se ha comprobado estadísticamente que los esquizofrénicos tienen el doble de posibilidades que una persona normal de alojar este parásito. Pero si bien aún no se sabe si en los humanos el t.gondii causa alguna alteración de la conducta, lo que sí sabemos ya es que en las ratas se produce una asombrosa alteración: pierden su miedo innato e instintivo a los gatos, e incluso llegan a sentir atracción hacia ellos. El resultado de esta alteración de la conducta es que las ratas infectadas se dejan comer por los gatos, y de esta forma, el parásito llega a su destino final: el intestino felino donde produce sus ooquistes (su camada, para entendernos). La estrategia del t. gondii es perfecta, reprograma los instintos de la rata para provocar su suicidio.

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