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La venganza del hemisferio cerebral derecho

Creative Por Daniel Pink - Foto de Mark Sebastian. Lógico y preciso, el pensamiento del hemisferio izquierdo del cerebro nos trajo la “Era de la Información”. Ahora viene la “Era Conceptual”,  gobernada por el arte, la empatía y la emoción.
 

Cuando yo era un niño – creciendo en una familia de clase media, en la mitad de América, y en la mitad de la década de los 70- los padres nos daban ya cocinado un menú de consejos: obtener buenas notas, ir a la universidad, y conseguir una profesión que ofreciera un nivel de vida decente y quizá hasta una cucharadita de prestigio. Si eras bueno en matemáticas y ciencias, serías médico. Si se te daba mejor el lenguaje y la historia, serías abogado. Si te ponía nervioso ver sangre y tu destreza verbal no era nada del otro mundo, serías contable. Después, cuando los ordenadores empezaron a aparecer en las mesas de oficina y los consejeros delegados de empresas en las portadas de revistas, los jóvenes que eran realmente buenos en matemáticas y ciencias escogieron estudios de alta tecnología, mientras que otros acudieron en manadas a estudiar empresariales, pensando que el éxito se deletreaba MBA (Master en gestión de empresas).

Gestores. Radiólogos. Analistas financieros. Ingenieros de software. El gurú de gestión Peter Drucker dio a este grupo de profesionales un nombre que ha perdurado, aun siendo  poco conciso: los trabajadores del conocimiento, trabajadores mentales. Estos son, escribió, "gente a la que se le paga por poner en práctica lo que aprendió en la escuela, más que por su fuerza física o habilidad manual". Lo que distinguía a los miembros de este grupo y les permitía cosechar grandes recompensas sociales era su "capacidad para adquirir y aplicar conocimientos teóricos y analíticos". Y cualquiera de nosotros podía unirse a sus filas. Todo lo que tenía que hacer era estudiar mucho y seguir las reglas del régimen meritocrático. Ese era el camino a el éxito profesional y a la realización personal.


Pero una cosa curiosa sucedió mientras estábamos concentrándonos en trabajar a tope: El mundo cambió. El futuro ya no es de las personas que pueden razonar con la lógica, velocidad y precisión de un ordenador. Ahora pertenece a un tipo de persona distinta con un tipo de mente distinta. Hoy en día - en medio de las incertidumbres de una economía que ha pasado del auge a la quiebra al “ni fú ni fá” -hay una metáfora que explica lo que está pasando. Y está dentro de nuestras cabezas.

Los científicos saben desde hace tiempo que una línea neurológica Mason-Dixoniana divide nuestro cerebro en dos regiones –el hemisferio izquierdo y el derecho. Pero en los últimos 10 años, gracias en parte a los avances en imágenes funcionales por resonancia magnética, los investigadores han comenzado a identificar con mayor precisión de qué manera se reparten responsabilidades los dos hemisferios. El hemisferio izquierdo se ocupa de las secuencias, de lo concreto, y del análisis. El hemisferio derecho, sin embargo, se encarga del contexto, de la expresión de emociones, y de la síntesis. Pero claro, el cerebro humano, con sus mil millones de células creando un cuatrillón de conexiones, es de una complejidad que quita la respiración. Los dos hemisferios trabajan de forma concertada, y utilizamos ambas partes para casi todo lo que hacemos. La estructura de nuestro cerebro puede ayudar a explicar “la silueta” de nuestros tiempos.

Hasta hace poco, las habilidades que conducían al éxito en la escuela, en el trabajo, y en los negocios eran características del hemisferio izquierdo. Eran el tipo de talento lineal, lógico, y analítico, medido por examenes estandarizados, que muestran tener los asesores fiscales. Hoy en día, esas capacidades siguen siendo necesarias. Pero ya no son suficientes. En un mundo puesto patas arriba por la externalización, inundado por el aluvión de datos, y asfixiado con tantas opciones, las habilidades que ahora importan más son las más cercanas en esencia a las especialidades del hemisferio derecho - el arte, la empatía, la visión global, y la búsqueda de lo trascendente.

Bajo el estruendo nervioso de nuestra casi terminada década se agita un cambio lento, pero radical. La “Era de la Información” para la que todos nos hemos preparado está terminándose. En su lugar se está levantando lo que yo llamo la “Era Conceptual”, una época en la que el dominio de las habilidades que con frecuencia hemos infravalorado y pasado por alto marcan la línea tectónica entre quién avanza y quién se queda atrás.

Para algunos de nosotros, este cambio - de una economía basada en las capacidades secuenciales y lógicas de la Era de la Información a una economía basada en la capacidad de empatía de la Era Conceptual - suena delicioso. "Me ha convencido desde el principio" me imagino oyendo decir a pintores y enfermeras regocijándose. Sin embargo, para otros, esto suena a tontería. "Demostrádlo" oigo exigir a programadores y abogados.

De acuerdo. Para convencerles, voy a explicar las razones de este cambio, utilizando el lenguaje de la mecánica de causa y efecto.

El efecto: las balanzas se están inclinando en favor del estilo de pensamiento originado por el hemisferio derecho. Las causas: Asia, la automatización, y la abundancia.

Asia
 

Hoy en día, pocas cosas generan más polémica que la externalización o deslocalización. Escuadrones de oficinistas en la India, Filipinas y China están haciendo sentirse intimidados a los ingenieros de software de  Norteamérica y Europa. Según la compañía Forrester Research, 1 de cada 9 puestos de trabajo en la industria de información tecnológica de los EE.UU. se trasladará al extranjero para el año 2010. Y no sólo empleos en tecnología. Si visitais los parques de oficinas de India veréis a contables preparando declaraciones fiscales americanas, a abogados investigando demandas americanas, y a radiólogos interpretando escáners de TAC para hospitales de EE.UU.

La realidad detrás de este estado de alarma es esta: la externalización de negocio hacia Asia está sobre anunciada a corto plazo, pero infra publicitada a largo plazo. No todos vamos a perder nuestros puestos de trabajo mañana. (El número total de puestos de trabajo perdidos por deslocalización representa, hasta ahora, menos del 1% de la fuerza laboral en EE.UU.). Sin embargo, como el costo de comunicarse con el otro lado del globo terráqueo es básicamente cero, y como la India va a ser, para el 2010, el país con mayor número de angloparlantes del mundo; y como además las naciones en desarrollo siguen acuñando millones de trabajadores altamente capacitados a nivel de conocimientos, la vida profesional en Occidente va a cambiar drásticamente. Si los cálculos, la interpretacion de  gráficos, y la escritura de códigos se puede hacer por mucho menos en el extranjero,  y se puede entregar a los clientes al instante a través de cables de fibra óptica, el trabajo se irá al extranjero.

Pero estas ráfagas de viento de la ventaja comparativa están haciendo volar sólo ciertos tipos de trabajos- aquellos que pueden reducirse a un conjunto de reglas, rutinas e instrucciones. Esa es la razón por la que trabajos estrechamente ligados con las habilidades del hemisferio cerebral izquierdo, como programación básica de ordenadores, contabilidad, investigación jurídica, y análisis financiero están migrando a través de los océanos. Pero esa es también la razón por la que quedan muchas oportunidades para la gente y las empresas que realizan trabajos no rutinarios - programadores que diseñan sistemas globales, contables que actúan como asesores generales, y banqueros más expertos en el arte de las negociaciones y los tratos que en los entresijos de Excel. Ahora que los extranjeros pueden hacer las tareas relacionadas con el hemisferio izquierdo de forma más barata, nosotros en los EE.UU. tenemos que hacer mejor el trabajo relacionado con el hemisferio derecho.

El siglo pasado las máquinas demostraron que podían sustituir a los músculos humanos. Este siglo, las tecnologías están demostrando que pueden superar el funcionamiento de la parte izquierda de los cerebros humanos - pueden  ejecutar trabajo secuencial y reductor, y computar mejor, más rápido y con más exactitud incluso que aquellos con el mayor coeficiente intelectual. (Y si no que se lo pregunten al gran maestro de ajedrez Garry Kasparov).

Considerad por ejemplo los empleos en servicios financieros. Los corredores de bolsa que se limitan a ejecutar transacciones han pasado a la historia. Los servicios online hacen ese mismo trabajo de forma mucho más eficiente. Los agentes de bolsa que han sobrevivido son los que han evolucionado de rutinarios anotadores de pedidos a asesores, mucho más dificiles de copiar, que pueden entender los objetivos financieros generales del cliente, e incluso sus sueños y sus emociones.

O mirad a los abogados. Decenas de servicios de información y asesoramiento de bajo costo están redefiniendo la práctica del derecho. En CompleteCase.com, se puede obtener un divorcio no impugnado por 249 dólares, menos de la décima parte del costo de un abogado. A la vez, la web está resquebrajando el monopolio de información que durante mucho tiempo era la fuente de los altos sueldos y de la mística profesional de los abogados. En USlegalforms.com se puede descargar - por el precio de dos entradas de cine – templetes de testamentos, contratos, y artículos de incorporación que solían estar antes, de forma exclusiva, en los discos duros de los abogados. En lugar de contratar a un abogado durante 10 horas para que redacte un contrato, los consumidores pueden rellenar el formulario por sí mismos y contratar a un abogado durante sólo una hora para que lo revise. En consecuencia, la habilidades jurídicas que no puede ser digitalizadas – como convencer a un jurado o comprender las sutilezas de una negociación – son cada vez más valiosas.

Incluso los programadores de ordenadores pueden sentir la presión. "En los viejos tiempos", ha dicho el legendario informático Vernor Vinge, "cualquiera con habilidades meramente rutinarias, podía conseguir un trabajo como programador”. Eso, hoy en día, ya no es cierto. La funciones rutinarias se dejan cada vez más para las máquinas". El resultado: según se van deshaciendo del “trabajo sucio”, los ingenieros necesitan dominar otras aptitudes distintas que tienen  más que ver con ser creativo que con ser competente.

Cualquier trabajo que pueda reducirse a un conjunto de normas está en peligro. Si un contable en India que cobra 500 dólares al mes no se hace con tu trabajo de contabilidad, lo hará la web TurboTax. Ahora que los ordenadores pueden emular las habilidades del hemisferio izquierdo, tendremos que apoyarnos cada vez más en nuestro hemisferio derecho.

Abundancia
 

Nuestro hemisferio izquierdo nos ha hecho ricos. Propulsada por ejércitos de lo que Drucker denominó “trabajadores mentales”, la economía de la información ha producido un nivel de vida que habría sido inimaginable cuando nuestros abuelos eran jóvenes. Sus vidas se definían por la escasez. La nuestra esta moldeada por la abundancia. ¿Queréis pruebas? Pasad cinco minutos en la tienda Best Buy. O mirad en vuestro garaje. Ser dueño de un coche solía ser una gran aspiración en América. Hoy en día, en los EE.UU. hay más automóviles que permisos de conducir -lo que significa que, por regla general, todo el mundo que puede conducir un coche tiene su propio coche. Y si vuetro garaje está también lleno con productos extras, no estáis sólos. El alquiler de trasteros – un negocio dedicado a dar techo a nuestras porquerías extra- ahora es una industria de 17 millones de dólares al año en EE.UU., casi el doble que los beneficios de taquilla de Hollywood.

Pero la abundancia ha producido un resultado irónico. La era de la información ha desatado una prosperidad que a su vez da gran importancia a valores menos racionales, -como la belleza, la espiritualidad, la emoción. Para las empresas y los empresarios, ya no es suficiente crear un producto, un servicio o una experiencia que tenga un precio razonable y sea adecuadamente funcional. En la época de la abundancia, los consumidores demandan algo más. Echa un vistazo a tu cuarto de baño. Si eres como varios millones de estadounidenses, tienes un cepillo de váter marca Michael Graves y una papelera de Karim Rashid que compraste en Target. ¡Trata de explicar un cubo de basura de diseño al lado izquierdo de tu cerebro! O piensa en la iluminación. La luz eléctrica era algo raro hace un siglo, pero ahora la tiene todo el mundo. Sin embargo, en los EE.UU., las velas generan dos mil millones de dólares al año  -por razones que pasan de la necesidad lógica de luminosidad al incipiente deseo de placer y trascendencia de un país próspero.

Liberado por la presente prosperidad, pero no satisfecho por ella, cada vez más gente está buscando sentido a las cosas. Desde la acepción generalizada de lo que antaño fueran prácticas exóticas como el yoga y la meditación, hasta la elevación de la espiritualidad en el lugar de trabajo, a la influencia de la evangelización en la cultura pop y en la política, la búsqueda de sentido y propósito se ha convertido en una parte integral del día a día. Y esto se intensificará cuando los primeros hijos de la abundancia, los baby boomers, se den cuenta de que tienen más parte de su propia vida por detrás que por delante. Tanto en los negocios como en la vida personal, ahora que las necesidades de nuestro hemisferio cerebral izquierdo se han saciado, los anhelos de nuestra parte derecha del cerebro demandarán ser alimentados.

Conforme la fuerza de Asia, la automatización y la abundancia se fortalecen y aceleran, el telón se alza ante una nueva era, la Era Conceptual. Si la era industrial se construyó sobre las espaldas del pueblo, y la era de la información sobre las personas con predominancia del hemisferio izquierdo, la era conceptual se está construyendo sobre las personas con predominacia del hemisferio derecho. Hemos avanzado de una sociedad de agricultores a una sociedad de trabajadores de fábrica a una sociedad de trabajadores mentales. Y ahora estamos progresando una vez más -a una sociedad de creadores y personas con don de empatía, capaces de reconocer patrones, y de crear  sentido.

Pero permitidme ser claro: El futuro no es un paisaje maniqueo en el que las personas son o bien de predominancia cerebal izquierda y por tanto extintos o de predominacia cerebral derecha y por tanto y extasiados - una tierra en la que los instructores de yoga son millonarios y conducen BMWs y los programadores friegan los mostradores de Chick-fil-A (* establecimiento de fast-food especializado en platos de pollo. N del T). El pensamiento analítico, lógico, lineal sigue siendo indispensable. Pero ya no es suficiente.

Para prosperar en esta época, tendremos que completar nuestras bien desarrolladas capacidades para la alta tecnología con aptitudes para el "concepto elevado" y la "sensación elevada". El “concepto elevado” implica la capacidad de crear belleza emocional y artística, para detectar patrones y oportunidades, para redactar narrativa satisfactoria, y para crear las invenciones que el mundo ni siquiera sabía que echaba de menos. La “sensación elevada” implica la capacidad de empatía, de comprender las sutilezas de la interacción humana, de encontrar alegría en uno mismo y provocarla en los demás, y de ir más allá de lo cotidiano en la búsqueda de propósito y sentido.

El desarrollo de estas capacidades de concepto elevado y sensación elevada no será fácil para todos. Para algunos, la perspectiva parece inalcanzable. No tengáis miedo (o al menos, no tanto miedo). Las habilidades más importantes ahora mismo son fundamentalmente atributos humanos. Después de todo, en los tiempos de la jungla, nuestros antepasados los hombres de las cavernas no estaban metiendo números en hojas de cálculo o interpretando códigos. Contaban historias, demostraban empatía, y diseñaban innovaciones. Estas capacidades han sido siempre parte de lo que significa ser humano. Lo que ocurre es que después de unas cuantas generaciones en la era de la información, muchos de nuestros conceptos elevados y sensaciones elevadas tienen los músculos atrofiados. El reto es ponerlos de nuevo en forma.

¿Quieres progresar en estos tiempos? Olvídate de lo que te dijeron tus padres. A cambio, haz algo que no se pueda hacer más barato en el extranjero. Algo que los ordenadores no puedan hacer más rápido. Y algo que llene uno de tus deseos inmateriales y trascendentes de la era de la abundancia. En otras palabras, “haz las cosas al derecho, jóven, haz las cosas al derecho”.

© Daniel Pink. Este artículo ha sido traducida y reproducida con el expreso consentimiento del autor. Más contenidos en  www.danielpink.com

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