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Emprendedores, trabajadores y cantamañanas

Madrid3torres

Como la palabra empresario está muy mal vista, ha habido que cambiarla por emprendedor. Realmente es una cuestión semántica irrelevante. Un empresario es el que acomete empresas, una empresa es algo que se emprende, luego un emprendedor emprende su empresa y llega a empresario.

Increíble pero cierto, hay que utilizar un eufemismo para definir a alguien que aporta valor a un país, como si fuera algo de lo que es mejor no hablar directamente.

El caso es que en tiempos de crisis como estamos, ser empresario-emprendedor es no sólo difícil por la falta de consumo y créditos, sino una auténtica locura por la falta de reconocimientos por parte de la sociedad en general,  de los sindicatos en particular, y me temo que de algunos gobernantes.

Nos ha costado treinta años de democracia aceptar que los militares son una institución del pueblo, que dignamente sirven a la sociedad en tareas no necesariamente belicosas y que no solo no la someten sino que la ayuda a ser más libre. Pero ahora queda la asignatura pendiente de los empresarios...

En un video de la reciente campaña electoral al parlamento europeo, un partido político asocia la imagen de un empresario, con la frase "despido libre" en sus boca, a otros personajes radicales, como neonazis y fanáticos de todo tipo. A mí, ciertamente, me produce estupor y pena a partes iguales. Porque creo que la generalización es injusta y poco ayuda a fomentar el deseo de emprender.

No nos cansamos de hablar de ganar el futuro, pero seguimos anclados en una concepción de la sociedad totalmente obsoleta, propia del siglo XVIII, en la que sólo los herederos y los nobles podían permitirse tener una fábrica o un negocio, y en el que los obreros eran tratados como en la época feudal, pero eso hoy en día no es así. Y por tanto, seguir considerando al capital y al empresario como el gran enemigo que nos priva de nuestros derechos universales es, simplemente, absurdo.

Derecho al trabajo, ¿obligación de quién?

El trabajo no es un derecho divino. Nadie nace con el trabajo concedido. Si fuera así, no habría empresas, seríamos todos funcionarios, o bien heredaríamos los puestos de trabajo de nuestros padres. Cada persona debe formarse y ganarse su puesto de trabajo, y ser eficaz y responsable en él para lograr mantenerlo.  Si no fuera así, significaría que igual que unos tienen el derecho absoluto al trabajo, otros tendrían la obligación absoluta de crear los puestos de trabajo. Y si unos fueran perpetuamente "empleadores" y otros empleados, sería muy parecido a un régimen de castas, y sobre todo, profundamente injusto.

Por tanto, nadie está obligado a crear puestos de trabajo, pero gracias a que lo hacen, los que no quieren emprender, pueden trabajar. Nadie puede reprochar a otro que no quiera ser empresario, pero estaría bien no perder de vista la realidad. A veces parece que el empresario sólo quiere despedir a gente, cuando en realidad lo que hace es contratar. Nadie es despedido sin haber sido contratado antes.

Los emprendedores quieren hacerse ricos

Me asombra comprobar cómo el principal reproche que se le hace a un empresario es que se quiera hacer rico. Que levante la mano quién no quiera serlo. Asociar riqueza a especulación, fraude o delito es otra vez simplista y absurdo. ¿Quién no quiere ganar más cada año, recibir bonus si su trabajo es más eficaz, o cobrar más que otros trabajadores de su empresa si hace un mejor trabajo o está más horas? Pues por la misma regla de tres, un empresario quiere obtener los máximos rendimientos por su esfuerzo, su iniciativa y sobre todo su inversión.

Es más, ¡Ojalá fueran todos multimillonarios! Algo que esta sociedad olvida constantemente reconocer es que cuando una empresa genera beneficios, paga la mayor parte en impuestos. Es decir, un país con muchas empresas ricas es un país con recursos para gastos sociales y comunitarios.

Y volvemos al argumento principal, que es por qué unos emprenden y otros trabajan para los emprendedores. Sin el aliciente de ganar más dinero, probablemente nadie querría intentarlo. El vil metal, que mueve a la gente a estudiar una carrera, o cambiar de trabajo para ganar más, también mueve a otros a generar oportunidades para ellos.

Los trabajadores, esos vagos aprovechados

¿Suena duro, verdad? Suena duro porque la mayoría nos identificamos con el trabajador por cuenta ajena, y no queremos vernos reflejados en alguien que intenta trabajar lo menos posible. Sin embargo no es tan difícil imaginar a un jefe explotando a un empleado. En la mayor parte de los casos, ni lo uno ni lo otro es cierto, pero de nuevo olvidamos una parte esencial de la realidad en el discurso ideológico trasnochado: un contrato es un acuerdo entre dos partes, y debe interesar a ambos por igual. En el caso de un contrato de trabajo, viene a ser algo así como si el empresario le dice al trabajador: "vamos a ganar dinero juntos. mientras yo gane dinero, tu ganarás dinero". Después, como en cualquier contrato, deberán ponerse de acuerdo en las condiciones y las cantidades por las que cada uno está dispuesto a aceptar. El problema es que en realidad, lo que el trabajador le está diciendo al empresario es "vamos a ganar dinero juntos, si tú ganas más, yo también querré ganar más, pero si tú dejas de ganar dinero conmigo, es tu problema". Curiosamente, en este contrato solo uno tiene la libertad de romperlo cuando quiera y sin consecuencias, aunque su formación no esté amortizada o la producción se paralice.

La lucha de clases en el S. XXI

En el planteamiento simplista de que la empresa es un ente impersonal que trata de exprimir a los pobres trabajadores, perdemos el norte cuando olvidamos que en España, la gran mayoría del tejido productivo corresponde a autónomos y micro empresas de hasta 5 empleados, y que por ello la frontera entre clases es muy delgada. Por ejemplo, ¿Qué es un fontanero, un mensajero con furgoneta o un pintor? ¿Es un obrero o un  empresario?

Trabajar en lo que te gusta por cuenta propia, sin una empresa detrás que te "explote", es hacerlo como autónomo lo que ya te convierte en emprendedor. Si tienes éxito, es posible que necesites ayuda. Un aprendiz, alguien que te lleve las cuentas, las gestiones... en cuanto contrates a esa persona, ya eres empresario. ¡Enhorabuena! Ahora, ya puedes hacerte rico, como todos. Aunque espera, que viene la mala noticia. Imagina ahora que llega la crisis, o que tienes mala suerte, o que simplemente no eres tan buen mecánico, y tus ingresos no llegan para cubrir tus gastos, empezando por esa persona que contrataste cuando iban bien las cosas. ¿Cómo harás para pagarle la indemnización si no puedes pagarle la nómina de un mes? Te ahorro palabras, y llego al final: tienes que cerrar tu negocio y piensas que así se acabarán tus problemas. Pero no es asi, porque si pediste algún crédito para maquinarias, arreglar un local, una furgoneta para tu trabajo, o pagar la extra a tu empleado, tendrás que seguir pagándolo o responder con tus bienes. Tu empleado y tú estaréis en el paro, pero él cobrará del estado la indemnización que tu no has podido pagarle, y además una prestación por desempleo según su antigüedad. Pero tu, temeroso emprendedor, aunque hayas pagado impuestos, hayas pagado tu seguridad social y la de tu trabajador, y hayas ayudado a muchos proveedores a ganar dinero con tus compras, no tendrás derecho a nada de eso.

Que nadie malinterprete esta reflexión. Por supuesto que hay malos empresarios sin moral. Como hay trabajadores sin escrúpulos. Pero nadie es mejor ni peor por elegir uno de los roles que en la sociedad de mercado existen (los funcionarios son la tercera vía, necesarios para que otros podamos no serlo) Pero hace falta un ejercicio de responsabilidad para aceptar de una vez por todas que para que existan empleos, tienen que existir emprendedores, y que con los planteamientos actuales acabarán siendo una especie en extinción. Los más solidarios siempre dicen que es mejor enseñar a pescar que regalar peces. Con el mismos sentido común es mejor ayudar a crear empleo que subvencionar parados. 

Defendamos el trabajo de todo el mundo. El del obrero y el del emprendedor, con la misma justicia e intensidad. Yo no he visto ningún congreso de empresarios en el que se califique a los trabajadores de sinvergüenzas, pero lamentablemente si he escuchado a un líder sindical aludir a "los cantamañanas y vividores de los empresarios" en el mitin del pasado 1 de mayo. Aunque para ser "liberado sindical" como él, uno de esos "cantamañanas" le tenga que pagar un sueldo.

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