Londres en la ensalada
Arte a tiros (literalmente)

Otra forma de ver las rebajas: como si no existieran.

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Estamos en la temporada de rebajas de invierno, como todos los años. Una oportunidad estupenda, si has podido esperar, para comprar lo que necesitas a mejor precio. O una oportunidad para gastarte más de lo que deberías en algo que no necesitas. Esa cuestión cultural es la que deberían inculcar las autoridades a los consumidores, y no perseguir a los comerciantes y fabricantes para que no engañen a la sociedad, presuntamente, con cantos de sirena.

Vivimos en una sociedad que se debate entre defender la libertad total del individuo y buscar culpables para eludir las responsabilidades que este ejercicio de libertad supone.

Cada temporada de rebajas, las organizaciones de consumidores y las administraciones "velan" por la defensa de nuestros intereses inspeccionando las tiendas para asegurarse de que no nos están engañando con falsas ofertas. Por ejemplo:

  1. Que los objetos "rebajados" lo sean realmente. Para ello, deben de haber estado en venta al menos un mes antes a la temporada de rebajas. Algo que los propios inspectores afirman es difícil de controlar, pero que es necesario para que la palabra "rebaja" no sea mentira.
  2. Que tenga los dos precios visibles claramente. El original y el rebajado. Con el mismo fin que el punto anterior.
  3. Que no se mezclen, en el caso de la ropa, las prensa de nueva temporada sin descuento, con las rebajadas.

Desde el marketing, creo que es necesario controlar la publicidad engañosa en cualquiera de sus formas, pero también creo que es mucho más inteligente enseñar y educar a realizar un consumo racional y, con la palabra de moda, sostenible. Mucho mejor formar a la sociedad a que compre lo que necesita, cuando lo necesita y al mejor precio posible que meter miedo sembrando la duda sobre el comerciante.

Es decir, enseñar a comprar todo el año como si fueran rebajas: Sin desperdiciar, sin derrochar y comprando sólo si podemos pagarlo.

Si fuera así, las anteriores medidas restrictivas no serían necesarias.

  1. Me da igual si el producto está lanzado a ese precio sólo para las rebajas. Si me gusta, lo necesito y el precio es bueno, lo compro.
  2. Me da igual si está rebajado o no. No necesito saber cuánto costaba antes. Necesito saber cuánto cuesta ahora. Si me gusta, lo necesito y el precio es bueno, lo compro.
  3. Me da igual que esté mezclado lo rebajado con lo nuevo. Yo veré el precio de ambos, y cualquiera de los dos, si me gusta, lo necesito y el precio es bueno, lo compro.

Vamos, que enseñar a que no te timen en las rebajas es reconocer que no podemos hacer nada por controlar el consumismo desmedido e irracional y de paso, que los compradores somos bastante tontos.

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